El lubok ruso, precursor del arte del afiche en Rusia

Portada Revista "Moscú"
Img.1 Portada de la revista “Moscú”. Autor desconocido. Moscú (1882), litografía, 93,5 x 61 cm

Entre los antecedentes gráficos que directamente derivaron en el afiche ruso es necesario nombrar en primer lugar al lubok que era extraordinariamente popular en Rusia, en especial en el ambiente rural. La xilografía se convirtió en un predecesor directo de los afiches: de su paleta compositiva y figurativa el arte del afiche tomó prestados muchos modelos e ideas. En el amplio sentido de la palabra, lubok es una técnica popular rusa de grabado con madera (posteriormente también en cobre) muy difundida entre los sectores populares de la población, pero en un sentido más estricto ésta designa a una forma de pensamiento fuertemente arraigada en las personas comparable a los íconos religiosos rusos. Las primeras impresiones hechas en planchas de madera o metal aparecieron en Rusia alrededor del siglo XVII y rápidamente obtuvieron un amplio reconocimiento. Los artistas, por lo general autores anónimos, representaron en la xilografía imágenes del folclore ruso, de canciones y cuentos, eventos políticos e históricos así como escenas cotidianas y religiosas. En los últimos años del siglo XIX la manufactura y publicación de lubok comenzó, cada vez con más fuerza, a realizarse por impresores profesionales. De esta manera, por una parte comenzó a ser influenciado cada vez más por los cánones artísticos, pero por otro lado comenzó a sentir los frescos vientos de renovación que traía la litografía a color. El afiche ruso nació así en paralelo a esta evolución natural que sufrió el arte del lubok.

En la riqueza de las tradiciones de este género nacional los artistas del afiche encontraron muchos elementos a utilizar de su entorno cercano, por ejemplo la manipulación del público a través de medios comunicacionales gráficos y el arte del lenguaje gráfico como combinación de imagen y texto. Hasta mediados del siglo XX, junto a la temática y estilo del afiche ruso traídos directamente desde el lubok, se puede apreciar la constante influencia de su principio compositivo básico: la creación de estructuras narrativas compuestas de varias imágenes (este método resultaba inadecuado durante la época soviética cuando se buscaba el efecto de propaganda en el afiche). Tal principio se remonta a la naturaleza “teatral” del lubok: la acción representada se dividía en varios cuadros que se sucedían en una suerte de pieza teatral. Esta técnica fue usada en el arte del afiche en sus inicios no sólo mostrando una acción en desarrollo a través de imágenes sino que también para, por ejemplo, mostrar las variadas cualidades de un objeto publicitado. Se puede observar esto en un ejemplo de publicidad en la revista Moscú en donde el texto está ilustrado por un igual número de imágenes (img. 1).

Img. 2 Lubok
Img.2 Ejemplo de lubok. V. Mayakovsky. Moscú (1914).

Un aspecto importante del lubok era su “función social” que por medio de su rol educacional-público e instructivo comenzó a cimentar los inicios de la propaganda política desde los principios de su existencia. Vladimir Stasov señala: “Es la imagen de contenido político sobre aquellos eventos o personas importantes cuya inevitable influencia se reflejó fuertemente en la vida de la población rusa. Es posible decir sin lugar a dudas, que esta imagen nacional ha sido distribuida en una escala aún mayor y con mayor popularidad que aquellas imágenes de contenido religioso”. El lubok como elemento de la cultura nacional había sido utilizado con fines educacionales y políticos. Otro de los aspectos característicos del lubok a fines del siglo XIX y principios del XX es sin lugar a dudas el hecho de que el gobierno del Imperio Ruso comenzara a utilizarlo para fines propagandísticos, antes de que aquel rol lo asumiera definitivamente el afiche. Con él se promovía el sentido patriótico de la población durante las guerras Ruso-Turca (1877–1878), Ruso-Japonesa (1904–1905) y la Primera Guerra Mundial. Imágenes de campos de batalla y retratos de héroes de la guerra fueron temas en el lubok y, desde entonces, del afiche. A comienzos de 1914 y a modo de propagar las ideas patrióticas, la editorial moscovita “Lubok de Hoy” publicó alrededor de 30 lubok y postales de corte militar. Los creadores de estos productos satíricos fueron luego los artistas que jugaron un rol importantísimo dentro del movimiento artístico del avant-garde ruso: Vladimir Mayakovsky, Kasimir Malevich, Aristarkh Lentulov, Ivan Mashkov, David Burlyuk y Vasily Chekrygin. Prácticamente todos los textos que se utilizaban en estos lubok procedían de Mayakovsky. La composición de las imágenes; los brillantes colores y formas simplificadas; así como sus pintorescos personajes, reflejaban el espíritu del lubok tradicional y anticipaban el estilo gráfico que caracterizarían a las publicaciones de “Okna ROSTA” y del Departamento de Educación Política en los años 20 convirtiéndose en hitos del desarrollo del avant-garde soviético (img. 2 y 3). “Okna ROSTA” influenciaría no sólo al afiche revolucionario sino que durante los años posteriores lo haría a través de “Okna IZOGIZ” en los años 30; “Okna TASS” y “El Lápiz Combatiente” en los años 40 y los afiches de propaganda de los años posguerra continuando hasta nuestros días. El impulso creativo de estas pequeñas historias en imágenes no decayó en el afiche soviético durante toda la historia del arte de la propaganda rusa. A pesar de que toda relación entre lubok y afiche desapareció, cada uno se mantuvo como un sistema independiente, con sus propias funciones sociales y sus propias leyes estéticas.

Img. 03 Lubok

Rumores y gráfica popular como precursores del descontento público

Otro antecedente que puede considerarse dentro de las primeras manifestaciones con fines políticos en la que se utilizaron medios impresos fue la utilización de pequeños folletos y postales que circulaban entre 1916–1917 cuya temática era la ridiculización y el desprestigio de la monarquía utilizando como imagen principal la pornografía política y satirización. Las palabras y símbolos utilizados en la revolución salían a la calle desde las páginas de los periódicos y los salones de los comités, donde se interpretaban y utilizaban de diversas maneras. Algunas palabras adquirían un significado verdaderamente simbólico y con poder durante algún tiempo, pero luego se esfumaban con la misma rapidez.

La figura del Zar en Rusia puede ser comparada a aquella del Emperador de Japón; no era solamente un enviado de Dios sino que era Dios mismo en la tierra. La sola idea de que el pueblo se levantase en su contra era absurda por lo cual la misión de los grupos revolucionarios era desprestigiar su imagen para así quitarle esa aura de divinidad a la monarquía. Para ello comenzaron a correr rumores para desprestigiar a la familia de los Romanov apoyados por diversos artistas quienes caricaturizaban a los personajes de la corte en pequeñas postales que eran impresas con gran dificultad debido a la falta de herramientas con las que contaban. Luego eran repartidas en las plazas y calles corriendo gran peligro, ya que la difamación del Zar estaba penada y por supuesto la difusión de ideas revolucionarias era considerada traición. Es en estos rumores que circulaban en todos los estratos de la sociedad, desde las clases más bajas hasta los mismos integrantes de la corte imperial, donde se incubó el germen de lo que sería en poco tiempo más el movimiento revolucionario.

Corrupción moral

Fig. 04
Img.04 “Autocracia”. Autor desconocido. Moscú (1915), litografía, tamaño desconocido.

Las historias de corrupción sexual en la corte servían como metáfora para mostrar la condición enfermiza del régimen de los Romanov. A la Zarina, al igual que a María Antonieta, se la acusó de engañar a su marido con Rasputín entre otros integrantes de la corte. Estos rumores se extendieron de tal forma por toda la sociedad que pronto pasaron a ser considerados una verdad aceptada, siendo apoyados por postales con imágenes de la Zarina yaciendo desnuda junto a Rasputín o a Rasputín tomando por el pecho a la Zarina (img. 4).

Samoderzhavie, el texto que acompaña a esta postal significa “autocracia” mientras que derzhit’, raíz de la misma, significa “sostener” o “agarrar”. El autor de la postal hace un brillante juego de palabras con estos dos vocablos mostrando el triángulo que había en la familia real con Rasputín como el verdadero gobernante (samoderzhavie) mientras tiene su mano sobe el pecho de Alejandra (derzhit’) sugiriendo el affaire sexual entre ambos. Por otra parte Vyrubova, dama de compañía de la emperatriz, también se vio involucrada en estos rumores, a veces como participante en las orgías de la emperatriz con Rasputín y otras como la querida del Zar Nicolás, a quién por otro lado se le acusó de sufrir impotencia sexual. El efecto político de estos escándalos fue múltiple. Los rumores sirvieron para engañar a la gente de la corte, para desacralizar a la monarquía y privarla de todas sus atribuciones de autoridad divina así como del respeto de sus ciudadanos. La risa y la burla le quitaron poder al Zar y esto fue simbolizado con su impotencia sexual, la cual, según los chismes, había llevado a la Zarina a los brazos de Rasputín. Un hombre que ni gobernaba ni satisfacía a su mujer no se podía tomar realmente en serio como Zar. Imágenes de orgías en las que el protagonista era Rasputín, acompañado de músicos, gente de la corte y una mujer desnuda en una torre, por sobre el Zar y, bajo todos ellos los condenados, la gente del pueblo encerrada en las mazmorras, circulaban apoyando la idea de la degeneración de la corte y la inmensa brecha en las condiciones de vida entre la gente popular y los miembros de la corte.

¿Quién gobierna Rusia?

06
Img.6 Caricatura de Rasputín con el Zar y la Zarina. N. Ivanov. Moscú (1917), litografía.

Debido a la supuesta falta de hombría del Zar la pregunta de ¿quién gobierna Rusia realmente? Se encontraba latente entre la gente; se rumoreaba que era Alejandra, la Zarina quien realmente gobernaba al país: “El Zar reina pero la Zarina gobierna” era lo que se escuchaba frecuentemente entre la sociedad rusa. Ver que el Zar relegaba poder en su mujer ofendía la actitud patriarcal y casi misógina que históricamente había tenido Rusia.

Por otra parte se encontraba la extendida creencia de que a Alejandra le gustaba compararse con Catalina la Grande lo que sirvió de pretexto para la creación de más y rumores. Con todo esto faltó sólo un paso para llegar a la conclusión de que Alejandra, al igual que su predecesora alemana, estaba preparando un golpe en palacio para proclamarse regente y promover a los alemanes en su corte (hay que tener presente que en esa fecha el mundo se encontraba sumergido en una guerra en la cual Alemania y Rusia se veían enfrentadas). Según rumores de la naciente pero ya importante prensa amarilla, Alejandra incluso planeaba asesinar a su marido.

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Img. 7 Caricatura de Rasputín con el Zar Nicolás II. N. Ivanov. Moscú (1917), litografía.

Nuevamente aparece la figura de Rasputín a quien se le consideraba la fuerza oculta detrás del gobierno. Él era el “Canciller del Imperio Ruso”, el “Rey sin Corona”. Por supuesto como a él mismo le gustaba presumir de su influencia en la corte ayudó a difundir estos rumores. De este rumor nacieron imágenes como la de Rasputín con el Zar y la Zarina sentados en sus piernas (img. 6) en la que se ve claramente la idea del verdadero poder detrás de la “fachada” que eran el Zar y la Zarina o la caricatura del mismo estilo en la que el Zar se encuentra desnudo en brazos de Rasputín, mirándolo o más bien admirándolo (img. 7). Rasputín tiene además en su otra mano una botella, símbolo que representa el problema social histórico del alcoholismo en Rusia además de ser éste el aliado por excelencia en las fiestas y orgías, todo esto rodeado por una serie de ángeles, con alas y aureolas, representados por mujeres desnudas, dos de las cuales están colocando la corona sobre la cabeza de Rasputín. Bajo esta imagen se ve Rusia ardiendo en llamas y sumida bajo el fragor de la batalla entre las fuerzas imperiales y las revolucionarias.

Según la oposición liberal, todos estos rumores en la prensa popular socavaron la imagen y autoridad del monarca entre las clases bajas de la sociedad. Pero estos rumores parecían confirmarse con el testimonio de oficiales y dignatarios en altos puestos, generales y políticos, lo cual otorgaba credibilidad para la mente popular.

La traición

Éste era el tercer tema importante de estos rumores, y tal vez la clave para unificar a todas las fuerzas de oposición a la monarquía que hasta ese entonces se encontraban bastante disgregadas. La idea de la traición en las altas esferas comenzó en 1915, pero ganó fuerza en 1916 al extenderse los rumores de la existencia de un “Bloque Negro” en la corte que se decía buscaba por su cuenta la paz con Berlín. Estas especulaciones se vieron alimentadas con la enorme presencia de nombres alemanes en la corte y por los conocidos sentimientos en contra de la guerra de Rasputín. Pero era Alejandra, la “mujer alemana” quien estaba en el centro de esos rumores. Se dijo que ella era una espía alemana, que informaba al Kaiser acerca de los planes militares de su marido y que se alegraba con la muerte de los soldados rusos y entristecía cuando se mataba al enemigo. Rumores como estos eran los que circulaban en el frente causando conmoción entre los soldados, rumores que el pueblo se encargaba de avivar en los corazones de sus soldados ya que eran ellos la fuerza primordial necesaria para la caída de la monarquía.

La clandestinidad revolucionaria utilizó muchos rumores en su propaganda, por ejemplo el Comité de los Bolcheviques de Petrogrado proclamó en un folleto “no hay traidores entre el pueblo ruso. Todos están muy arriba, dentro del gobierno, en los ministerios y los salones que brillan con el oro”. Se dijo con frecuencia y aún se repite que los masones fueron los responsables de la campaña de habladurías contra Rasputín y la corte. Para intentar limpiar la imagen de la realeza la Zarina y sus hijas participaron como enfermeras, cuidando heridos en hospitales militares, lo cual se consideró favorable al principio, pero pronto decreció esta aprobación pública. Esto se explica debido a la percepción popular de las enfermeras, quienes eran consideradas por los soldados del frente como objetos sexuales, imagen reforzada por las prostitutas quienes durante el día se paseaban por las calles con uniformes de enfermera o que eran trasladadas al frente en los camiones destinados para medicamentos o el traslado de enfermos. Por último, el intento de democratizar la imagen de la Zarina atendiendo a un soldado enfermo y lavándole los pies sólo terminó por humanizarla hasta el punto de convertirla en una enfermera común y corriente, una simple funcionaria del hospital.

Tiras y rimas pornográficas circulaban de mano en mano. Copias mecanografiadas en casa de historias picantes, entre las cuales se destaca “El Santo Demonio” (también conocido como el monje Illiodor), la cual mantenía que Rasputín era el verdadero padre del Zarevich, que en la práctica era el que gobernaba el país y que era el responsable de empezar la guerra. Otra idea que se hizo circular para apoyar la revolución fue la misma que en la revolución francesa, el pueblo hambriento haciéndoles reverencia mientras la alta sociedad participa de grandes banquetes.

Con el Zar considerado como poco hombre, la Zarina como traidora y Rasputín como la imagen de las fuerzas ocultas en la corte fue que la familia de los Romanov se vio encerrada en un círculo de rumores que terminaron por destruirla. La gente creía lo que oía y eso le dio al pueblo la fuerza y convicción necesarias para levantarse; oponerse al Zar era patriótico.

Extracto del capítulo I de mi libro-tesis “Revolución del Diseño: Al afiche político y social en Rusia desde la Revolución de Octubre a la época de Posguerra”

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~ por graphirus en 30 junio 2009.

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